jueves, 10 de julio de 2014

VALPO A PIE

El Gran Hotel Gervasoni situado en el Paseo Gervasoni desde donde tenemos acceso al ascensor más antiguo de Valparaíso, el Ascensor Concepción.
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Valparaíso e Isla Negra
Galerías de fotografías
Cerro Concepción, Bellavista y Polanco
Isla Negra, la casa predilecta de Pablo Neruda

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La oferta hotelera en Valparaíso es muy amplia, pero es importante elegir bien la zona para evitar paseos inútiles. El Cerro Concepción es quizás la mejor alternativa para el visitante con numerosos hoteles de diferentes categorías. Quizás recomendaría el Gran Hotel Gervasoni o el Brighton por su relación calidad precio, y sobre todo, por su estupenda terraza.
Cerro Concepción, como otras partes de la ciudad, están ahí para ser descubiertas. Sus calles y vericuetos son como un laberinto donde la sorpresa aparece en cualquier muro pintado con algún espectacular grafiti, en las fachadas de colores de las casas, en los pequeños cafés y en esos rincones donde cuelgan casas sobre laderas imposibles en precario equilibrio. A pesar de las aceras rotas, las calles levantadas y la suciedad, permanece la sensación de estar en un lugar único anclado en algún momento del tiempo. Es este carácter el que atrae a grupos de amigos y familias que vienen hasta aquí a disfrutar de sus miradores, a tomar una copa en una terraza, a pasear o simplemente a descubrir rincones secretos entre sus laberínticas calles.
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De izquierda a derecha, el Reloj Turri, el Hotel Brighton con su terraza, vista del puerto desde el interior de la cabina del Ascensor Concepción, e interior del café ubicado dentro del Museo Lukas.
La Municipalidad de Valparaíso promueve una serie de rutas a pié que introducen a los visitantes en los secretos de la ciudad en una especie de aventura urbana. En los Puntos de Información Turística situados en la Plaza Sotomayor y en el Muelle Prat nos darán toda la información que necesitemos. Quizás la ruta más interesante sea la que cubre el centro con los cerros Alegre y Concepción para dar a conocer la importancia de las olas de inmigrantes que se instalaron aquí en el S.XIX y que crearon en Valparaíso una sociedad multicultural cuyo legado llega hasta nosotros.
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Comienzo la visita al Cerro de Bellavista desde su parte alta dirigiéndome a La Sebastiana, la residencia que Pablo Neruda eligió en Valparaíso en la calle Ferrari 692. Pablo Neruda cansado de la agitación de la vida en Santiago, decidió buscar un lugar más tranquilo para escribir y escogió  instalarse en 1961 en Valparaíso en esta casa ubicada en lo alto del cerro desde donde tenía unas vistas privilegiadas de la bahía y el mar. Compró la casa a medias con una pareja de amigos y se quedó con los pisos superiores que decoró a su gusto con motivos marineros y allí pasó los últimos momentos de su vida con su tercera esposa, Matilde Urrutia, hasta su muerte en 1973. La casa fue saqueada por los militares tras el golpe de estado de Pinochet ese mismo año y no fue restaurada hasta 1991 con sucesivas ampliaciones que incluyeron un centro cultural. Los fines de semana se forman largas colas para visitar esta casa de estrechas escalinatas, ocultos rincones y grandes ventanales sobre los tejados del Cerro de Bellavista que descienden hasta el puerto a los pies del Pacífico. En su interior los diferentes espacios están decorados de manera irrepetible y por ello es una pena que esté prohibido hacer fotografías. De todas formas si de verdad queremos descubrir la esencia de ese marinero en tierra que fue Pablo Neruda deberemos dirigirnos hacia ese lugar único, mágico y sorprendente que es su casa de Isla Negra ubicada a una hora de viaje desde Valparaíso.
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Imágenes del exterior y del salón mirador de La Sebastiana, la casa de Pablo Neruda en Valparaíso donde el mar es la esencia del paisaje. También en un paseo por el Cerro de Bellavista encontramos casas decoradas con imágenes alegóricas a la esencia portuaria de la ciudad.
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El Océano Pacífico se salía del mapa! No había donde ponerlo. Era tan grande, desordenado y azul que no cabía en ninguna parte.
Por eso lo dejaron frente a mi ventana.
(Fragmento “Una casa en la Arena” P. Neruda)
El descenso hacia el centro de la ciudad lo hago por la calle Héctor Calvo donde numerosas casas tienen en su fachada placas de azulejos con versos de García Lorca donadas por el Ayuntamiento de Granada. En este descenso rodeado de casas de colores me desvío hacia la paralela calle Ferrari donde se encuentra el Museo Organológico con su curiosa colección de instrumentos musicales. De aquí vuelvo hacia Héctor Calvo hasta encontrar el estrecho pasaje de la calle Pasteur que me lleva hacia uno de esos rincones que sólo se pueden encontrar en Valparaíso. Entre unas estrechas callejuelas a las que se accede por una serie de escalinatas descubro un espacio de colores único a los pies del Ascensor Espíritu Santo.
Estoy en el llamado Museo a Cielo Abierto, un espacio urbano de casas pintadas de colores, fachadas decoradas, vericuetos imposibles y edificios desvencijados de otras épocas que forman un conjunto de extraña belleza en medio de un caos de ruinas y vegetación que crece entre los muros de los descampados. Este rincón es como la esencia de Valparaíso, donde la belleza decadente aparece como un regalo en medio del abandono y el olvido.
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Las viejas casas de tablones de madera y chapa se alternan con los estrechos edificios pintados de colores a los pies de las desvencijadas instalaciones del Ascensor Espíritu Santo. El conjunto no deja de ser sorprendente y atrayente en su decadencia.
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Después de dos días recorriendo Valparaíso parecía imposible seguir descubriendo rincones especiales, pero es que esta ciudad que casi espanta cuando uno se adentra en ella y te acaba atrapando en ese desorden de otros tiempos, todavía guardaba algunas sorpresas. Siguiendo el Paseo Colón en dirección hacia la Avenida Argentina me dirijo hacia otra zona de cerros en los que no es muy recomendable adentrarse llegado el anochecer. Pero es que entre el Cerro Molino y el Cerro Barón se encuentra alguno de esos viejos ascensores de la ciudad todavía en funcionamiento. Atrás he dejado el Ascensor Monjas y enfilo directamente hacia el Ascensor Polanco, uno de los iconos indiscutibles de Valparaíso.
Llego a la calle Simpson y encuentro casi de casualidad la entrada a un oscuro túnel y que es el acceso al Polanco, el único ascensor vertical propiamente dicho de todos los construidos en la ciudad. El túnel se adentra en las húmedas entrañas del cerro durante unos 50 metros hasta finalizar delante de unas puertas metálicas. El único ascensorista de la ciudad abre las puertas y ascendemos en este espacio claustrofóbico hasta una primera parada en una de las calles del cerro, y luego hasta la segunda parada ubicada en una especie de torreón que sobresale a 80 m. sobre el nivel del mar entre las casuchas del barrio. Las espectaculares vistas sobre la ciudad atraen a muchos visitantes hasta aquí a pesar del paisaje desolador de las depauperadas barriadas ubicadas a los pies del ascensor mirador. El torreón se conecta a través de un paso elevado de casi 50 m. con las calles del Cerro Polanco, pero un pequeño paseo entre patios llenos de chatarra, niños jugando entre basuras y calles de cuestas imposibles me hacen desistir de internarme sólo en unas calles donde empieza a caer el sol.
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Tras recorrer los 50 metros del túnel de acceso al ascensor Polanco, la subida al mirador ubicado en su parte más alta permite obtener una vista general de los cerros que rodean Valparaíso. La pasarela elevada conecta el ascensor con las calles del Cerro Polanco.
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Retrocedo sobre mis pasos para asomarme de nuevo al mirador, hacer unas fotos más y descender en este ascensor construido en 1915, el primero en ser declarado Monumento Histórico en Valparaíso, hacia el túnel que me devuelve a la agitación del mercado al aire libre instalado en la Avenida Argentina. Los ascensores acaban por ser adictivos porque permiten pasar de un entorno urbano a otro sin solución de continuidad en unos minutos viajando entre mundos paralelos que marchan a ritmos diferentes dentro de un mismo lugar. Quizás esa sea parte de la magia de Valparaíso que decido dejar para completar en otro viaje mientras me dirijo hacia un nuevo destino, la casa de Pablo Neruda en Isla Negra. Valparaíso y sus extraños rincones van quedando atrás y la sensación de haber visitado un lugar especial, extraño en su desaliñada belleza, en su organizado desorden y en su caos de derribo, permanece como los colores de sus casas en mi retina. Curiosa ciudad…

Sobre nuestros Tours


¿Porque debes tomar un tour con nosotros?
  • Porque somos guías locales, nacidos y criados en Valparaíso, Verdaderos porteños!
  • Porque es una manera segura y entretenida de conocer la ciudad.
  • y porque somos tu mejor opción para conocer la ciudad.
¿De que se tratan nuestros tours?
Caminatas guiadas por la ciudad totalmente personalizadas con una duración aproximada de 3 a 4 horas,  donde conocemos los cerros de Valparaíso,  pero no todo es a caminar, también nos internamos en la vida cotidiana del porteño recorriendo la ciudad en su transporte publico típico como lo son trolleys y ascensores o la tradicional micro.

No es el tipico tour masivo y comercial! porque sabemos que tu eres especial, antes de salir a recorrer, nos gusta saber cuales son tus gustos y preferencias, de donde vienes y si ya has estado antes en esta hermosa ciudad, para poder hacer un recorrido único para ti, tu familia o tus amigos.

Visitamos y mostramos un poco mas de vida real, barrios populares, miradores poco conocidos y por supuesto la zona patrimonial y la zona turistica de la ciudad,  ademas si tienes pensado conocer algún lugar en especifico de la ciudad, nosotros lo incluimos en tu tour, sin ningún costo adicional. (solo lugares públicos)

Horarios
Partimos desde tu hostal u hotel o el sitio en donde te encuentres hospedado a la hora y día que tu quieras, y terminamos el recorrido en el lugar que tu elijas,  puede ser de vuelta a tu hospedaje,  algún mirador o algún bar o restaurante ¡eso lo decides tu!

¿cuanto cuesta?

 1  persona                $ 10000 pesos chilenos por persona.
 2 personas o mas     $ 5000 pesos chilenos por persona.

Si el tour parte desde la ciudad de Viña del Mar se agregan $1000 por persona por concepto de locomoción.

¿Que incluye?


1. todos los tickets de ascensores, trolleys y cualquier otro transporte a utilizar.
2. Agua Mineral
3. Bloqueador solar (solo en verano)
4. Una experiencia inolvidable


¿como puedo reservar un tour?
a través de nuestro mail, valpo.culturistica@gmail.com
o puedes llamarnos a los siguientes móviles:

09-91312238 ESPAÑOL
09-82864096 ENGLISH



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Isla Negra, el barco en tierra de Pablo Neruda
Pablo Neruda fue un marino frustrado, un marinero en tierra y la casa de Isla Negra fue su barco, su navío y el fue su capitán. Aquí, a los pies del océano Pacífico, rodeado de oscuras rocas y pinos que retrepan por los acantilados de esta costa y a los pies de una pequeña playa, construyó su hogar más querido, su barco en tierra que fue ampliando con el paso de los años.
Entrar en esta casa de Pablo Neruda es hacerlo en un lugar único configurado por los sueños del poeta. Viajero, diplomático, escritor… Neruda aprovechó sus estancias en Asia, África y Europa para hacerse con objetos que luego integró en su imaginario particular. A lo largo de su vida recopiló todo tipo de objetos, recuerdos, obras de arte, objetos de los que se rodeo otorgándoles personalidad propia y una significación especial y con los que se creó un mundo propio.
Neruda llegó hasta este paraje de la costa chilena allá por el año 1937 buscando el lugar idóneo para escribir su “Canto General” y cayó prendado de su paisaje por entonces todavía virgen, del embate de las olas de un mar inmenso y del olor, intenso olor a salitre y océano. Neruda compró en 1939 lo que era entonces una pequeña casa de piedra a un viejo capitán de navío español y con el paso de los años la convirtió en su casa favorita y el lugar donde él y su tercera esposa, Matilde Urrutia, pasaron la mayor parte de su tiempo en Chile.
Isla Negra está ubicada al sur de Valparaíso y se accede un poco antes de llegar al balneario de El Tabo. Toda esta pequeña zona está llena de referencias a Neruda y su obra, en puestos artesanales, negocios, tiendas, pinturas callejeras o pequeños monumentos. Hay una zona de estacionamiento de pago para dejar el vehículo particular, y después sólo hay que seguir las indicaciones que nos llevan a un camino de tierra entre altos pinos. Allí está la entrada al museo donde deberemos abonar unos 3$ por persona y esperar nuestro turno para la visita guiada. Y por desgracia está prohibido hacer fotografías en el interior de la casa...
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Neruda, amante del mar y de las cosas marítimas, rebautizó la casa como Isla Negra por el color de las rocas que salpicaban la playa a los pies de la propiedad y durante los primeros diez años la casa fue creciendo y ampliándose insertándose en el paisaje costero como un barco con techos bajos, pisos de madera crujiente y pasillos estrechos. Allí, entre el tumultuoso movimiento oceánico, las rompientes, los roquedales negros y la brisa, Neruda hizo del mar uno de los escenarios míticos de su poesía.
El lugar no deja de sorprender desde la misma entrada con una extraña máquina llamada Locomóvil ubicada en el centro del jardín. A partir de aquí la casa se convierte en todo un muestrario de recuerdos del poeta y premio Nobel que nos hablan de una vida rica e intensamente vivida donde el mar siempre es protagonista: mascarones de proa, cartas náuticas, sextantes, rosas de los vientos, réplicas de veleros, una colección de pequeños barcos encerrados en botellas, otra colección de conchas y caracolas, dientes de cachalote… Y también recuerdos de sus viajes que hablan de su curiosidad y de sus gustos más personales: máscaras de Asia y África, botellas de colores, pipas de marfil, restos de maderas arrojadas por el mar que el transformó en su escritorio, retratos de personajes científicos y literarios… y libros, muchos libros.
La entrada da paso a la Sala de Estar original donde destacan su enorme ventanal y la colección de mascarones de proa auténticos, cada uno con nombre propio como la Medusa, de madera pintada desteñida por el paso de los años; o la María Celeste, mascarón de proa más pequeño de pulida madera oscura suspendida de la barandilla del segundo piso. El suelo de baldosas rojizas contrasta con una roca oscura que se dejó al construir la casa y con una gran chimenea. A continuación pasamos al salón comedor donde nos encontramos con la mesa puesta, preparada para recibir a los viejos amigos y las vitrinas con sus vajillas. Subimos hasta el segundo piso donde está el cuarto principal de Neruda, de forma redondeada y con una privilegiada vista sobre el mar, los armarios con sus zapatos y trajes y otros recuerdos. Toda una herencia de su vida viajera completada con los regalos que recibía de amigos y conocidos.
Entrada a la casa museo desde donde se accede el jardín donde se encuentra el Locomóvil y al frente de la casa que da al mar.
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La parte original de la casa con el torreón está construida en piedra. Mirando al mar se encuentra el Campanil y la lancha donde Neruda invitaba a "navegar" a sus amigos. Al pie del acantilado está la Cabaña donde se encerraba para escribir antes de la ampliación de la casa.
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Desde el jardín se accede hasta la tumba de Neruda y su última esposa desde donde se observan la playa, las rocas y el mar que tanto amó cumpliendo así la voluntad que había expresado muchos años antes  en su poema “Disposiciones” del Canto general: “Compañeros, enterradme en Isla Negra, / frente al mar que conozco, a cada área rugosa de piedras/ y de olas que mis ojos perdidos/ no volverán a ver...”
Neruda salió de esta casa ya gravemente enfermo tras el golpe militar de Pinochet en 1973 para morir poco después en Santiago. Desde entonces la vieja casa pasó a ser un lugar de acceso prohibido y durante años estuvo cerrada y tapiada hasta que con la llegada de la democracia se decidió convertir esta casa en fundación y museo. En diciembre de 1992 los restos de Neruda fueron trasladados allí junto a los de su esposa, Matilde Urrutia, y sepultados en el jardín de la casa frente al mar transformando el lugar en uno de los lugares más visitados de todo el país. Sin duda un lugar imprescindible para entender a este poeta universal.


A partir de 1965 proyectó nuevas ampliaciones que aumentaron las estancias y los espacios de la casa para dar acogida a su creciente colección de objetos: colmillos de elefante, el largo cuerno de un narval, un gran globo terráqueo… Así surgió una nueva sala de estar con chimeneas donde recibía a sus invitados, una biblioteca, o el que se convirtió en su lugar preferido para escribir: la Covacha, una habitación apartada con un ventanal abierto al mar y techo de zinc para que las gotas de lluvia repicaran trayendo a su memoria los sonidos de la casa de su infancia en el lluvioso sur de Chile. Pero además la casa de Isla Negra se convirtió en uno de los lugares de reunión más animados del país. Neruda siempre fue un anfitrión generoso con sus amigos e invitados y por ello la casa contaba con su propia cantina en cuyo exterior está la barca donde se subía con sus amigos a navegar en tierra y a repicar las campanas del campanil que allí instaló cual capitán en su navío.

Valparaíso, Cultura en los Cerros (Primera Parte)

Uno de los destinos turísticos que ha experimentado un mayor desarrollo en los últimos años es Valparaíso, el principal puerto de Chile, ciudad Patrimonio de la Humanidad (UNESCO).
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Foto: Marcelo Moraga
Valparaíso es Patrimonio de la Humanidad desde 2003.
Quisimos conocer Valparaíso a pie y en locomoción colectiva, lo que nos permite, también, usar los ascensores y trolebusesque operan de manera eficiente y a bajo costo para permitir un turismo no prohibitivo. Al descender del bus e internarse por Avenida Pedro Montt, impresiona la cálida luz de atardecer que otorga la cercanía al Oceáno Pacífico. Tomamos un microbus hasta Bellavista, para caminar hasta la Plazuela Ecuador y tomar un colectivo que nos lleva hacia nuestro lugar de alojamiento en el Cerro Bellavista.
El hostal boutique y SPA en que alojamos tiene sólo 7 habitaciones, se especializa en tratamientos de stress, Reiki y crecimiento personal. Incluso ofrecen talleres gratuitos de meditación todos los miércoles en la tarde y prontamente iniciarán clases de Pilates y Yoga. Además, nos sentimos afortunados de pernoctar en uno de los castillos construídos por el arquitecto Sebastian Collado, el mismo constructor de La Sebastiana, casa museo de Pablo Neruda en Valparaíso y ubicada a sólo unos metros de distancia.
En la mañana, antes de iniciar nuestro tour por el casco histórico de Valparaíso, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO el año 2003, hacemos un recorrido por la Plaza de los Poetas, con esculturas de Mistral, Neruda y Huidobro.
Antes de nuestro almuerzo, hemos programado una visita a un nuevo hotel con salas de convenciones en Valparaíso, una novedad para una ciudad que sólo tiene pequeños hostales y hoteles patrimoniales para acoger turistas y huéspedes de negocios. Después de esta visita nos convencemos de que la ciudad puerto tiene oferta hotelera del nivel de Viña del Mar, un destino urbano posicionado internacionalmente en la industria turística.
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Foto: Marcelo Moraga
Ascensores, como el Polanco, siguen recorriendo los cerros de la ciudad porteña.
Una de las realidades que impresionan entre los hoteles boutique de Valparaíso, es el alineamiento con las tendencias mundiales de turismo sostenible, como el uso de laenergía solar en establecimientos que mantienen las líneas clásicas de la arquitectura alemana de principios del Siglo XX, con acogedores espacios y rincones, amplios salones comedores interiores y exteriores en terrazas y jardín, bar, cava, entre otras comodidades del turismo actual. En la Escalera Cirilo Armstrong del Cerro Alegre conocemos un hotel de arquitectura respetuosa con su entorno, que nos sorprende con la cordialidad de sus dueños, quienes nos reciben en una gran sala de entrada que da cuenta del genuino trabajo con materiales nobles y del buen gusto y calidez de sus departamentos donde el arte está presente en cada rincón. Lugares ideales para el adulto contemporáneo.
Conocimos una verdadera boutique al aire libre en Calle Lautaro Rosas, con edificaciones bien conservadas, de valor patrimonial, entre arboledas y jardines, con hoteles boutiques, tiendas de diseño y talleres. Continuando nuestra caminata recorremos el Paseo Atkinson, cuyas construcciones datan de 1886 y desde el cual disfrutamos de una impresionante vista hacia la Plaza Anibal Pinto, que tiene cafés de estilo europeo y una fuente de agua que representa al Dios Neptuno.
En el Paseo Gervasoni se encuentra la Casa Museo de Renzo Pecchenino, Lukas, destacado dibujante e ilustrador porteño del siglo XX. Siguiendo por las calles empedradas del Cerro Concepción para conocer el Pasaje Gálvez, una mezcla de modernidad y tradición con bares, restaurantes, hoteles, tiendas de diseño y artesanía. Antes de conocer la noche de Valparaíso, pasamos a tomar una “Once Completa” a un acogedor Café con Letras del sector.
La noche de Valparaíso tiene opciones todos los gustos, desde fina gastronomía, bares o centros de eventos, rock y culturales. Es recomendable reservar su salida bohemia con un tour operador local para tener la posibilidad de compartir con más turistas y acceso a las mejores ubicaciones para los shows en vivo que se presentan cada noche.
Valparaíso
Foto: Marcelo Moraga
En Valparaíso aún funcionan los trolebuses.
Ha sido un día intenso, sumamente optimizado, con muchos recuerdos y fotos. Nos relajamos en un hostal de fachada sencilla distinguido por su colorida decoración y comodidad… que nos permite un profundo descanso, pensando en cuantas millas de premio habríamos acumulado si contabilizáramos los kilómetros de escaleras y callecitas que recorrimos en esta sorprendente ciudad.
Para nuestro segundo día en Valparaíso nos esperan más atractivos del Cerro Bellavista. Así conocemos el Museo Organológico, con más de 600 instrumentos musicales de todo el mundo, el Museo A Cielo Abierto con 20 murales de grandes artistas nacionales y los mosaicos del Paseo de Los Sueños. No podemos dejar de visitar la Fundación Valparaíso, que en una colorida casa, con tiendas de diseño, artesanía y restaurante, desarrolla proyectos de turismo, patrimonio y cultura.
Nuestro balance para este intenso tour cultural por la ciudad puerto es positivo, gracias al Municipio de Valparaíso e iniciativas público privadas como el Plan Rumbo y el Plan deIndustria Creativas de la ciudad de Valparaíso, ha aumentado la oferta de servicios turísticos de manera exponencial.
Vea video resumen con parte de nuestro recorrido por Valparaíso:

Links:

PATA TOUR VALPO

¿What is Patatour Chile?
We are urban trekking local guides in Valparaiso, Chile.
We do thematic routes like shared or private tours.

Mission
We bring the magic of Valparaiso to the heart of our passengers.

Vision
To consolidate Valparaiso as the best destination for urban trekking in Chile.




¿What is Urban Trekking?

It is a form of sustainable tourism with a low environmental impact as it promotes walking as a primary means to visit the cities, successfully reducing carbon emissions, promoting healthy living and highlighting its historical and cultural heritage.
Its objective is that participants experience a direct contact with their environment, in this case the city, passing from being mere observers to be protagonists of the local system.
Urban trekking is the best way to see historical cities like Valparaiso because it allow to access to unique places and share with the protagonists of the cultural scene (local artists, crafters, musicians, neighbors, etc.).
Thus urban trekking becomes a major driver of economic development of the tourist destination as it achieves to connect visitors with the local small commerce.

¿What is Sustainable Tourism?

According to the UNWTO (World Tourism Organization), is tourism that takes full account of current and future economic, social and environmental impact to meet the needs of visitors, industry, the environment and the host communities.

Is composed of three main areas, which are graphed in the image below:



De cómo Valparaíso pasó a ser Patrimonio de la Humanidad

De cómo Valparaíso pasó a ser Patrimonio de la Humanidad 

Hoy parece fácil. La ciudad hace gala de su título por ya cinco años y lo que se pide son resultados. Es un proceso lento, dicen los expertos y tienen razón, así como lo fue lograr el reconocimiento a su valor patrimonial; toda una epopeya que comienza en la década del setenta. 
 
1975. En una sala de clases de la Universidad de Valparaíso, la arquitecta Myriam Waisberg imparte su seminario número 100 sobre patrimonio. Aún así la mayoría de sus colegas no entienden por qué se preocupa tanto de “cosas viejas”. Estaba siendo visionaria, la Unesco había creado la Convención de Patrimonio Mundial sólo tres años antes. Por suerte, hubo quienes sí se interesaron en su rescate del pasado, como Cecilia Jiménez, arquitecta de aquella universidad. Trabajaron juntas desde 1976 hasta la muerte de Waisberg en 2004. Durante la década de los ochenta se dedicaron a estudiar la arquitectura religiosa de la ciudad y las casas de Playa Ancha; de ambos proyectos se publicaron libros que hoy marcan pauta en el tema patrimonial.
 
Recién en 1991 las autoridades de Valparaíso decidieron discutir el tema con la comunidad: se hizo un Cabildo Ciudadano. Un coro unánime, que abarcaba desde académicos hasta el más humilde de los vecinos, declaró:se está destruyendo nuestra ciudad. No querían más bombas de bencina donde antes hubo edificios antiguos. La Municipalidad acogió el llamado y dos años después encargó un Estudio Seccional para determinar qué edificios tenían valor patrimonial y poder modificar el Plan Regulador Comunal en orden de protegerlos. El alcalde de entonces, Hernán Pinto, puso a la cabeza del equipo a Cecilia Jiménez. Se hizo un estudio histórico de la ciudad desde sus orígenes, también uno urbano de sus plazas, ascensores, escaleras y pasajes, y una escala de valoración que determinaba que mientras más valioso el edificio menos se podía intervenir. Era la primera vez que se reunía toda esta información, que aún hoy es una guía para las consultoras de arquitectura interesadas en el tema patrimonial. Fue un trabajo de pura camiseta, no era pagado. Mis compañeros de oficina me decían:- Sigues con esas cosas viejas- cuando yo sacaba los planos en cualquier rato libre que tuviera.

Patrimonio
Su gente, patrimonio intangible
 
En 1995 se hizo la Quinta Jornada de Preservación Arquitectónica y Urbana, organizada por la Universidad de Valparaíso, que implicó un tercer encuentro con especialistas latinoamericanos. Fue entonces cuando se sugirió que Valparaíso postulara ante la Unesco. En ese momento hablar de patrimonio de la humanidad todavía era un decir, no nos creíamos el cuento- dice Cecilia Jiménez, que estuvo presente.
 
Ese año el tema tomó vuelo a nivel país. Se logró la nominación del Parque Nacional Rapa Nui como Patrimonio Mundial, proceso en el que estuvo desde la CONAF el arqueólogo Angel Cabeza, que más adelante pasaría a ser Secretario Ejecutivo del Consejo de Monumentos Nacionales. Por supuesto que queríamos hacer lo mismo con otros lugares -dice Cabeza-Entonces empezamos a trabajar una lista tentativa de Sitios de Patrimonio Cultural de Chile. Debían representar un momento especial en el proceso evolutivo de la historia de la humanidad. Dos años después, en 1997, la nómina abarcaba veinte lugares y se decidió dar prioridad a Chiloé y Valparaíso. 
 
Cabeza junto a la directora de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos de ese entonces, Marta Cruz- Coke y el Delegado Permanente de Chile ante la Unesco, Samuel Fernández, visitaron al alcalde de Valparaíso y a su comité asesor. Me acuerdo de que uno de los concejales en tono de broma y en serio nos dijo:- A ustedes los tenemos que colgar, porque están hipotecando el futuro de Valparaíso. Para parte del Concejo, el desarrollo de la ciudad estaba en la construcción de edificios de altura y en la industrialización. En cambio, el grupo de visitantes planteaba que conservar la ciudad y potenciar su patrimonio con el turismo también era desarrollo. Nosotros estábamos en contra de una visión progresista únicamente desde el punto de vista inmobiliarioNo existiría Venecia, no tendrías París.
 
Finalmente, en 1998, el alcalde Pinto decidió crear la Unidad Técnica de Patrimonio. Nuevamente, Cecilia Jiménez estuvo a cargo del proyecto; con el Estudio Seccional en sus manos la mitad del trabajo estaba avanzado. Pero faltaba seguir los pasos de la guía operativa de la Unesco, lo que no era fácil. El Consejo de Monumentos Nacionales estaba preparando la postulación de Chiloé –que sería nominado el 2002- y sólo iba a revisar la de Valparaíso.
 
Vinieron expertos internacionales, como el arquitecto Crespo Toral de Ecuador, que coincidieron en que para participar se debía cumplir con dos condiciones: demostrar que el bien era excepcional o único en el mundo y asegurar una gestión para su preservación. Como la tarea era titánica, la Municipalidad pidió ayuda a las universidades estatales y privadas de la zona, las que hicieron estudios históricos, geográficos, arquitectónicos, turísticos, de archivos, etc. 
 
El expediente partió a París sin que el Consejo alcanzara a revisarlo. El tema de la singularidad estaba super bien pero no había gestión- dice Cecilia Jiménez, quien fue en representación de la Unidad Técnica. Además, Angel Cabeza recuerda que hubo errores en el enfoque del documento. En la UNESCO les recomendaron que retiraran la postulación y volvieran cuando las promesas de cuidar el bien fueran hechos o al menos, proyectos factibles.
 
Con el gobierno de Ricardo Lagos Escobar, desde el 2000, se inició una nueva etapa en que el Estado se comprometió con la causa de Valparaíso. Se hicieron gestiones que garantizaban el cuidado del patrimonio. Lagos dio orden de abocarse al tema a todas sus Secretarías Ministeriales Regionales. Así, se crearon subsidios de rehabilitación patrimonial, programas de recuperación de espacios públicos y mejoramientos de fachadas, entre otras cosas. Además, se incluyó en el Comité Asesor a agrupaciones porteñas privadas, como el Movimiento Ciudadanos por Valparaíso –grupo que se caracterizaba por su defensa del área antigua de la ciudad desde principios de los  noventa- y la Fundación Valparaíso, que desde 1998 se dedica a desarrollar proyectos que potencien el valor patrimonial del puerto.
 
Se encargó al Consejo de Monumentos Nacionales redactar el nuevo expediente, que por fin en diciembre del 2001 se volvió a enviar. Cabeza, quien estuvo en París, reconoce que no fue fácil ganar la nominación:-Teníamos que convencer a tres organismos: al staff administrativo de la Unesco, a Icomos -Consejo Internacional de Monumentos y Sitios- y finalmente, a los 21 países del Comité de Patrimonio Mundial.

Celebración
La Celebración en las calles porteñas - Aporte El Mercurio de Valparaíso
 
La ciudad estaba deteriorada. Más que su valor arquitectónico patrimonial -afectado por los edificios de altura modernos- lo que se postulaba era su rol histórico en el siglo XIX, cuando Valparaíso se erguía como una muestra de la globalización mundial. En el momento de la votación, el delegado de Egipto, quien tenía mucho peso en la mesa, fue clave. Se levantó y dijo que él votaba a favor de Valparaíso porque no dejaba de recordar cuando era niño y llegaban los barcos salitreros de Chile a Alejandría. Su apoyo junto con el de Inglaterra, país que reconocía la importancia que tuvo Valparaíso como puerto principal de Sudamérica en el 1800, permitieron que el sufragio se cargara hacia el “sí”. En el año 2003 el puerto ya se podía proclamar Patrimonio de la Humanidad.
 
Yo siempre digo que todo partió como un rugido de ratón; no nos correspondía hacer esta gestión a nivel local- reflexiona hoy Cecilia Jiménez. Pero lo hicieron y gracias a ese esfuerzo, el Consejo de Monumentos Nacionales tuvo una buena base para mejorar el expediente. Por su parte, Angel Cabeza está orgulloso de haber participado de un proceso que hoy permite a Valparaíso combinar el desarrollo comercial- portuario con lo patrimonial- turístico. Los cambios son lentos, pero si no vives en la ciudad y la visitas, los ves. Las fotos de 1996 y las de hoy son muy distintas.
 

En la base de este logro está el que la comunidad quiera a su ciudad. Así se demostró en el Cabildo Ciudadano de 1995 y de ello se percató Cabeza cuando la visitó dos años después. De ahí que los porteños sean exigentes con sus autoridades. Valparaíso es una ciudad vigente que avanza recordando su pasado.

DONDE COMER VALPARAISO

Cocina chilena, el gusto por lo casero 

Degustar los platos típicos de un país es conocer un poco más su idiosincrasia; Valparaíso ofrece lugares de pura chilenidad: platos contundentes, una cálida atención y recetas de la abuela. Comer allí es como pasar a sentarse a una mesa de campo.
Las Empanadas Famosas, dice la leyenda, fueron famosas desde su inicio. En 1962 el señor Carlos Gil Mujica abrió el local en la misma dirección donde se encuentra ahora, Salvador Donoso 1379, y comenzó la producción que hizo de sus empanadas de pino las preferidas de los porteños. La dueña actual, Andrea Cárcamo, solía jugar en la cocina del local porque su madre era amiga del administrador. No imaginaba que su mamá sería la próxima dueña del negocio y mucho menos que ella misma seguiría manteniéndolo vivo.
La génesis del lugar no es trivial, los restaurantes de comida chilena son cálidos porque en su mayoría fueron levantados por familias, que se traspasan el negocio de generación en generación. Hay un gusto por lo tradicional que se transmite tanto al plato como al ambiente:- Quisimos seguir con las empanadas porque eso es lo que la gente viene a comer, no venderíamos completos o pizzas; se perdería el encanto, dice Joe Jiménez, marido de la dueña. Ambos han seguido con el negocio y esperan que dure otros cuarenta años más.

Empanadas Las Famosas
Empanadas Las Famosas
El producto estrella es la clásica empanada de pino grande (1), que los clientes gozan con una bebida, una caña de vino, una cerveza o, como algunos prefieren, una malta con huevo. La de pino y la de mariscos son preparadas al horno, pero también hay una variedad de empanadas de queso -solo, con camarón o con verduras- que se hacen fritas.
El local está siempre con gente y para las fiestas patrias los encargos pueden llegar a las mil empanadas. ¿Cuál es el secreto de su fama? Más allá de un ingrediente secreto, va en la mano del maestro de cocina; así como son ricas las empanadas que hace la abuela en la casa, al maestro le quedan bien- dice Andrea. Ernesto Cornejo es el hombre tras la masa y el relleno, llegó al negocio con sólo quince años, cuando éste todavía era administrado por su dueño original. El y su ayudante, que ya lleva más de veinte años a su lado, son los responsables del sabor inconfundible de unafamosa.
  
El ambiente del restaurant es muy sencillo y mantiene su impronta sesentera, una primera pieza alargada, con el típico mesón de fuente de soda; y una segunda habitación con mesas, decorada con fotos antiguas de la ciudad. La gente se siente cómoda, le gusta ver las botellas de Coca- Cola del año 40- dice Joe. Su clientela va desde niños a abuelos, gente del barrio y turistas nacionales y extranjeros que se pasan el dato. La carta es la misma todo el año, excepto cuando llueve; entonces hacen sopaipillas, un gesto que sus clientes habituales agradecen mucho.
Distinta es la historia de Puerto Escondido en el Cerro Concepción. Está abierto hace sólo nueve meses, solía ser un restaurant de pastas con el mismo nombre, pero cambió de dueño y hoy se define como un lugar de comida casera con raíces chilenas. El matrimonio Fernando López y Gina Gnecco -ingeniero y operadora turística, que por primera vez se dedican al rubro gastronómico- quisieron darle a probar a los extranjeros lo que cocinan los chilenos: charquicán (2), cazuela (3) o pastel de papas (4). La idea central es que el consumidor se sienta un invitado:- No queremos tener una relación restaurant/cliente, sino que casa/visitante, dice Fernando.

Puerto Escondido
Fiel a sus postulados, no hay un chef en la cocina sino una prima a la que le gusta cocinar, el barman es Fernando, Gina la administradora, y quienes atienden son los hijos de todos ellos, que se presentan con su nombre cuando toman el pedido. Situado en una casona típica del Cerro Concepción, Puerto Escondido es un lugar espacioso, de techos altos y con una pared de piedra que le da un toque de elegancia. Sus dueños abogan por la innovación en la comida chilena, es decir, jugar con los ingredientes de las recetas y también ser creativos en la presentación. Por ejemplo, el plato favorito de los extranjeros es el charquicán, pero como muchos de los que han llegado no comen carne, agregaron a la carta el charquicán de cochayuyo. También están experimentando con la receta del aperitivo Pisco Sour, agregándole nuevas especies que le den un giro de sabor.
El típico pedido de una familia chilena es: una cazuela para el padre, rollitos de pollo o chuleta de cerdo para la madre, y plateada al jugo o pastas para los niños. La carta no es amplia, con el fin de que siempre esté el plato ordenado por el visitante. Todo lo que se sirve está hecho ahí mismo, desde el pan amasado hasta las pastas, y la mayoría de sus verduras son cosecha propia de su parcela en Limache.
Lo que mejor refleja el ánimo de sus dueños es la tabla Puerto Escondido, bastante atípica: carne mechada en pedazos pequeños, papas duquesas y pebre, entre otros. Cuando la hicimos pensamos ¿qué come uno cuando va a la casa de unos amigos?- dice Fernando. Por eso, familiaridad e innovación son las claves de Puerto Escondido.
Un lugar con mito, la picada de las picadas, es Los Deportistas. Su nombre está en el imaginario de los porteños de buena mesa y sólo ahí, porque no tiene cartel que lo indique. Anclado en el Cerro O’Higgins, lejos del centro y de los cerros más visitados, Los Deportistas recibe gente todos los días, personas que entran a una casa de barrio, como cualquier otra.

Los Deportistas
Renato Navarro, dueño de Los Deportistas
El restaurant tiene doce mesas de mantel blanco, con detalles bordados a mano, algunos cuadros florales, vajilla antigua (como de la abuela) pero bien cuidada, y biombos que separan la habitación en tres partes. Todo es pulcro y sencillo. Sus propios dueños recitan la oferta del día al recién llegado: ocho platos de fondo, que van desde la lengua nogada, arrollado, riñones al jerez, lomo, carne mechada, salmón, hasta ñoquis y ravioles de la casa con carne mechada y salsa de tomate. Y los acompañamientos, que, atención, no se eligen, sino que todos son puestos en la mesa para su deguste. Son: palta, lechuga, arroz, tomate, papas con cebolla, apio y, el preferido de los clientes, papas fritas gruesas recién cortadas.
No necesitamos letrero, hemos tenido nuestra clientela por años, desde el 62- dice Renato Navarro. Ese año su madre compró la casa donde ya había un restaurant llamado Los Deportistas, muy probablemente por el Estadio O’Higgins, a pasos de ahí. Era un comedor de barrio y lo siguió siendo, pero la calidad y cantidad de sus platos traspasó los límites del cerro a medida que se corrió la voz. Al principio su clientela se vinculaba al fútbol, cuenta Renato, y hoy a las empresas portuarias. En general, durante la semana van hombres de traje y el fin de semana es familiar.
La madre de Renato es la cocinera, tiene ya ochenta años y sigue con la misma buena mano. Él nació en esa casa, ha pasado toda su vida en el restaurant, estudió mecánica pero se dio cuenta que lo suyo era seguir con el negocio familiar. La mayoría de sus amistades son clientes que llevan años comiendo ahí; es una línea fácil de cruzar porque lo principal  –además de la comida- es la conversación, los almuerzos largos, reposados, un ambiente acogedor, donde el dueño puede incluso cerrar el local y sentarse a compartir.
En Los Deportistas la calidad de la carne es esencial y también su tamaño, los trozos de lomo son de 450 gramos. No somos mezquinos, si alguien quiere más le damos más. Es una satisfacción que el cliente esté grato. Por lo mismo, ni siquiera quieren publicidad, prefieren dar prioridad a sus visitas frecuentes, les gusta su condición de picada:- No quiero cambiarlo, ni siquiera queremos crecer, se perdería el sentido inicial, dice Renato. Ese mismo que dicta la comida chilena: abundancia de alimentos y tiempo para compartir.

DIRECCIONES
Empanadas Famosas – Salvador Donoso 1379 - Almendral
Puerto Escondido - Papudo 424 - Cerro Concepción
Los Deportistas – Colo Colo 1217 - Cerro O’ Higgins
 
DATO UTIL
Guía Gastronómica de Valparaíso - versiones en castellano e inglés en tienda El Mundo del Vino, Templeman 147, Cerro Concepción


(1)Empanada de pino: consiste en una masa en base a harina y sal, rellena con un “pino”
     de carne de vacuno en cubos, cebolla picada, ajo, aceitunas, pasas, ají y rodajas de huevo
     duro.  En forma de media luna, se cuece al horno y se sirve bien caliente.
     Existe una variedad de empanadas que llevan distinto relleno, horneadas y fritas,
     pero la que mejor representa la tradición chilena es la de pino.
(2)Charquicán: guiso a base de papa y zapallo molidos, choclo desgranado, arvejas o porotos
      verdes; todo esto mezclado con carne de vacuno molida o cortada en cubos. Su origen es
      mapuche y solía prepararse con charqui de guanaco, de ahí su nombre
(3)Cazuela: Presa de vacuno o de ave en su caldo caliente, más un trozo de choclo,
     otro de zapallo,  verduras (cebolla, zanahoria, porotos verdes) y arroz.
     Se le reconoce como típico del  criollismo  chileno desde mediados del 1800
(4)Pastel de papas: plato a base de papa, que consiste en una capa de pino de vacuno
    (cebolla, carne picada, aceitunas y huevo) cubierta por un puré de papas, gratinado al horno.